Una nueva oportunidad para disfrutar del buen cine, en esta ocasión,  de la mano del insignie Martin Scorsese. Tras su paso y triunfo por la Berlinale, su nuevo filme, Shutter Island, llega a las pantallas de cine españolas: una mezcla del género policiaco con elementos de misterio y terror psicológico al más puro estilo del cine negro de los años 50.

Una película inquietante, absorvente y virtuosomante filmada que hará a los espectadores no moverse de sus butacas durante las 2 horas y diez minutos de duración.

Tras recibir el Oscar por Infiltrados, Scorsese vuelve a trabajar con su actor fetiche, Leonardo DiCaprio, a quien en esta ocasión le acompañan espléndidos actores que ayudarán a subir la media de la película:  Ben Kingsley, Mark Ruffalo, Michelle Williams y Emily Mortimer. Una magnífica adaptación de una exitosa novela homónima de Dennis Lehane, autor de Mystic River, también adaptada al cine, aunque en aquella ocasión por el veterano Clint Eastwood.

Resulta complicado hablar de una película cuyo mínimo desvelo podría estropear el paseo al cine. Por ello me dedicaré ha relataros los primeros diez minutos con los que poneros en contexto. Ambientada en los años 50, la película cuenta la historia del agente de policía federal Teddy Daniels (DiCaprio), quien, en compañía de su compañero, Chuck Aule (Mark Ruffalo), se dirige a Shutter Island para investigar la desaparición de una peligrosa asesina (Emily Mortimer), que ha conseguido escapar de la institución dedicada para la salud mental. Allí se encuentran con su director, el doctor Cawley (Ben Kingsley), un hombre de ciencia que presume de curar a sus pacientes con las técnicas más avanzadas del momento.

El guión de Laeta Kalogridis (Alejandro Magno), lleno de giros y sorpresas, contiene unos diálogos excelentes, cargados de dobles sentidos a los que hay que estar muy atento. Scorsese escarba en Shutter island en temas como la cordura y la locura, los traumas, el peso de los hechos pasados, la verdad y el engaño, y se desenvuelve a la perfección con una historia que pasa de las dos horas de metraje, pero que en ningún momento se hace pesada. No en vano, Scorsese es un maestro de los personajes atormentados (paranoicos, psicópatas y esquizofrénicos) y en esta ocasión y junto al mismo protagonista, como ya hizo en El Aviador, vuelve a demostrarlo.

Un elenco de excepción,  para una película de altos vuelos. Un diez para el oscarizado Ben Kingsley y Mark Ruffalo y una matrícula de honor para Leonardo DiCaprio, que ha abandonado su faceta de ídolo adolescente para convertirse en uno de los actores jóvenes más consagrados de Hollywood.

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