Ya es como un castizo ritual. No hay año que los padres no planeen junto a sus hijos el día ‘D’ (el día de visita a Cortylandia). Sé que muchos ya habéis aprovechado el puente de la Constitución para acercaros al Corte Inglés de Preciados, así que este post (a modo recordatorio) va dirigido a todos aquellos que aún no lo habéis hecho, y por cierto, que sepáis que llegáis tarde: Miles de niños ya han podido tararear una de las canciones más incrustadas en la psique madrileña: “cortilandia, cortilandia, vamos todos a cantar, alegría en estas fechas porque ya es navidad…”. ¿A qué os suena?.

Sé qué muchos jovenzuelos pensaréis: “Qué peñazo!”. Pero no os olvidéis de estas palabras: seguro que cuando tengáis hijos vuestra primera cita navideña será a la cara frontal del Corte Inglés de Preciados. “Imposible”, añadiréis, pero hacedme caso, cuando tengáis descendencia (y con tal elucubración no quiero incitaros), la nostalgia será tal que no dudaréis en revivir todo aquello que a vosotros os ilusionaba y os hacía feliz cuándo teniais 5 añitos a lo sumo (no vale pensar en vuestra adolescencia, sí, aquella época en la que nada os sorprendía).

No olvidéis que sois madrileños y como muy bien he titulado este post: ¿Qué  niño madrileño que se precie no ha ido alguna vez en su vida a Cortylandia?. Ahí va parte de mi teoría sobre las tradiciones: todos pensamos que la infancia ha sido la mejor etapa de nuestra vida (ésto se debe a la capacidad poco crítica de la edad, claro). A ello debemos sumarle nuestro convencimiento sobre que muchas de las experiencias vividas en ella son las mejores que ningún niño puede jamás imaginar. Y por último, como muy buen padre que consideramos ser, procuramos que nuestros hijos puedan revivirlas de igual manera.Éste es el motivo por el que cosas como Cortylandia se convierten en tradiciones en nuestro país.

Aún así creo que es posible cambiar esta concepción de la tradición. No necesariamente lo que nosotros hicimos es lo mejor que pueden hacer nuestro hijos (gracias a Dios). Hay más opciones. Hoy os he propuesto una muy castiza e insulsa. No obstante, en posts anteriores os he hablado sobre otras opciones más completas y formativas: Concierto en familia, podría ser un ejemplo.

Por si alguno de los que estáis leyendo el blog desconocéis su funcionamiento, os diré que Cortylandia está compuesta por muñecos enormes colocados con finalidad ornamental en la fachada de un centro comercial que cada 15 ó 30 minutos amenizan a los transeúntes con canciones sobre la Navidad muy conocidas por los madrileños. Os dejo con una muestra:

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