Una imponente carpa blanca nos aguardaba. Un torrente humano nos acechaba. Y una emoción extraña albergaba nuestro estómago antes de entrar en uno de los espectáculos circenses más glamorosos del año: Varekai, el nuevo show del Circo del Sol. Hasta el 20 de enero afincado en el Recinto Ferial de la Casa de Campo de Madrid.

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Únicamente fueron unos minutos, pero se me hicieron eternos… El nerviosismo recorría mi cuerpo, mientras esperaba a que mi entrada fuera revisada por las chicas de la entrada: “su puerta es la número 7”, me dijeron. Y a partir de ahí todo comenzó a ser mágico.

Miles de puestos de palomitas, merchandising y pantallas gigantes ocupaban la  antesala del gran circo: El Cirque du Soleil. El recinto, más pequeño de lo que esperaba, albergaba extensas gradas y un llamativo escenario, vestido de elocuente originalidad, donde esperaba que la magia más inesperada tuviera lugar.

Mientras todos nos acomodábamos, los payasos del circo nos dieron la bienvenida interactuando con el público y ofreciéndonos un breve espectáculo, con el que ya fuimos conscientes de la genialidad de sus profesionales y de la originalidad que nos aguardaba.

Pasados diez minutos de la hora prevista, bajaron las luces y una lucecita verde, en forma de luciérnaga y con una chirriante voz nos dio la bienvenida al espectáculo del año: Varekai, una historia de fantasía, alegría, color y absoluta ingenuidad, que comienza en lo profundo de un bosque, en la cima de un volcán. Un mundo poblado de seres fantásticos dónde todo es posible.

Una emocionante historia, perfectamente tejida por diversos espectáculos, que hacen disfrutar al público infantil y adulto de la misma manera. Una impresionante escenografía, una magnífica música en directo, un suntuoso vestuario y una profesionalidad inimaginable son algunos de los ingredientes que forman Varekai, y que han hecho de él uno de los espectáculos mejor valorados del año.

Y es que el Circo del Sol no descansa. Las prodigiosas mentes de sus creadores no paran de idear fórmulas exitosas con las que llegar no sólo al público que les sigue, sino también a aquellos reticentes, que sólo necesitan unos minutos de estos espectáculos para abrir la boca y no cerrarla durante las dos horas y media que duran.

Varekai abre el espectáculo con la actuación de su protagonista, Ícaro, un joven paracaidista que rodeado de una blanca red cae a un mundo mágico en el que todo es posible. A varios metros de altura, tumbado sobre dicha red, comenzará a dibujar espectaculares figuras con su cuerpo, que durante minutos mantendrán la atención de todo el público. Hasta que inesperadamente, del subsuelo, comenzarán a salir criaturas que lo recibirán y lo librarán de dicha mortífera situación.

Tras un tenso principio, nos imbuimos de lleno en su universo. Abducidos por la magia que trasmite comenzaremos a disfrutar, uno a uno, de los espectáculos que conforman el show. Curiosa es la actuación de tres niños acróbatas que giran sobre sus cabezas cuerdas con meteoros de metal durante el número ’Meteoros del agua’ y, por supuesto, destacable, es la actuación de los tres españoles, los gemelos Pedro y Ramón Santos, junto a su hermano mayor Javier, parte del equipo de ‘Juegos Icarianos’, un número en el que el cuerpo humano se convierte en catapulta y receptor y que rescata una antigua disciplina circense prácticamente desaparecida.

Para descansar y relajar al público, no faltarán actuaciones más distendidas, como la intervención de los originales payasos del Circo del Sol o la mofa que sus humoristas hacen de los espectáculos de magia, tan valorados dentro de la disciplina circense. Dos momentos, que ayudarán al público a relajarse y coger fuerzas para el espectáculo final, que contará con la presencia de entre diez y quince acróbatas, que junto con la ayuda de dos grandes columpios se lanzarán hacia dos grandes pantallas que amortiguarán su caída.

En definitiva, mucha profesionalidad, fuerza e importante dedicación es la que todos sus integrantes demuestran en el espectáculo. Un show cargado de importantes retos y grandilocuentes movimientos que hacen de sus artistas, verdaderas estrellas circenses.

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