Como muy bien reza su lema: “un nuevo concepto gastronómico con carácter propio”. Yo no lo hubiese definido mejor…

Hace unas semanas, un amigo empeñado siempre en descubrir nuevos sitios por los que salir en Madrid, me llamó y me dijo que tenía una sorpresa preparada para mí. Al principio debo reconocer que la curiosidad me invadió, pero pronto fui consciente de que se trataba de un nuevo sitio que había descubierto, y de que me lo quería enseñar. Lo que yo no sabía, claro, es que iba a salir tan encantada de él.

Corrían las 9 de la noche, aproximadamente, llovía a mares y el viento despertado resultaba enloquecedor. El lugar donde habíamos quedado era Bilbao, en pleno centro de la capital. Ambos fuimos puntuales así que en menos de cinco minutos nos plantamos en la calle Carranza, en busca de mi sorpresa. A medida que nos íbamos acercando, mi interés por descubrir aquel lugar aumentaba a pasos agigantados, hasta que por fin nos situamos frente a su fachada.

Sin necesidad de entrar en el local, la primera impresión que recibí, despertó en mi ya muy buenas vibraciones. Una entrada muy bien iluminada y un toldo rígido grabado con tres palabras claves: PINCHOS, RESTAURANTE y CAFÉ. Tras atravesar su puerta de cristal, un sentimiento  de bienestar me embriagó. Ningún olor desagradable, todo lo contrario, una decoración minimalista, moderna y de muy buen gusto y una recepción aún mejor. Esto comienza bien, pensé.


Una vez dentro, nos acercamos a la barra, un espacio prominente, cuyas lámparas colgantes, de estructura original e inusual nos dan la bienvenida. Pedimos una mesa para cenar y mientras esperamos nos invitan a tomar la primera. Ambos nos pedimos una cerveza y mientras nos la tomamos descubrimos cómo a nuestros vecinos de barra les sacan dos pinchos recién hechos y colgados de ellos dos cartelitos de: ¡CÓMEME YA!. Mi amigo y yo nos miramos, y sin necesidad de cruzar palabra, llamamos al camarero. Nos muestra la carta de pinchos y nos pedimos dos: queso brie con jamón ibérico y mezcla de ahumados con aliño de yogur. Todo un manjar, señores. El precio, teniendo en cuenta el tamaño que tienen, es totalmente considerado: entre 2 y 3 euros.

En pocos minutos, un camarero nos avisa de que ya tenemos la mesa preparada. Nos conduce hasta la planta baja del local. Un sitio encantador, cuya estructura y apariencia aún recuerda a la carbonera que en su día fue. Un lugar diáfano con pared de ladrillo pintada de un blanco inmaculado y con los habitáculos aún intactos por donde se trasladaba el carbón. Un lugar muy original, con un espíritu moderno, funcional y con personalidad propia.

Además también cuenta con una pantalla enorme colgada en la pared de fondo que hace las veces de televisión y por la que los dueños tienen pensado retrasmitir eventos importantes para que la gente acuda allí a verlos. La mesa, muy elegante por cierto, nos esperada vestida con dos mantelitos individuales de color rojo y una vajilla impecable, recién estrenada, parecía. Un robot de luz, por cierto, nos coloreó la velada de diferentes tonalidades: rojo, azul, verde, violeta…todo un espectáculo visual, la verdad.

Os lo recomiendo, porque a parte de ser un lugar inusual, cuenta con unos precios de escándalo. La Carbonera está abierta durante todo el día. Torna sus puertas a las 8 de la mañana, que es cuando comienza a dar desayunos y no las vuelve hasta las 12 de la noche, que deja de dar cenas. Cuenta con dos menús: uno de mediodía a 10.50 euros y que incluye dos platos, pan, bebida y café o postre, y un menú nocturno doble a 24 euros (12 euros por persona) que incluye alguno de los platos de su carta junto al pana, la bebida y el postre.

Para terminar me gustaría destacar varios aspectos: la comida es de muy buena calidad, la presentación es suprema y el ambiente, junto con el servicio, es ideal. Nosotros cenamos de carta y su precio no superó los 20 euros un precio más que asequible y que nos permitió saciarnos hasta hartar. Mis recomendaciones, puesto que es lo que probé, son la ensalada templada de ibéricos y vinagreta de miel y medallones de merluza sobre Vizcaína, toda una exquisitez, amigos. Y os recomiendo, sin duda alguna, la degustación de postres, un manjar sin igual que incluye gran variedad de dulce bueno y casero que hará las delicias de los más golosos.

Más datos, por si queréis acudir…

Dirección: C/ Carranza, 12
Teléfono: 914 442 879

restaurante@lacarboneradecarranza.es
web oficial: www.lacarboneradecarranza.com

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